A los olvidados

Los poetas iluminados

dedican sus escrito a alguien, tremendamente enamorados,

alocados, ensimismados.

Escriben a la tristeza, a la rabia o a la alegría de amar,

pero a esa gente olvidada que nadie escribe,

que nadie quiere

No es que no los quieran, es que tienen la desfachatez de no darles vida en forma de verbo, con su puño y letra.

¿Quién los recuerda?

Este escrito es para ellos y ellas, para las musas del despropósito

Les diré una cosa: Es mejor que no os escriban a que os dediquen versos amargos que después tendrás que tragar. Pero os dedico unas líneas de tranquilidad, pues descuidad: Dejad de buscar y lo encontraréis.

 

 

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De ilusiones nos mantenemos

Tenemos un setimiento y de repente, floreces. Ha crecido sin darte cuenta un jardín en tu interior. La primavera se ha hecho con tu alma. Ni te molestas en tener mariposas en el estómago, porque no hacen otra cosa que molestar. No te crees nada pero continúas porque estás feliz en el camino que a veces puede contigo.

No te das cuenta que caminas con los ojos cerrados, una venda que te impide ver la realidad. A veces te la quitas y recuperas la vista, y de forma miope te das cuenta aunque veas horriblemente mal, pero no eres tonta. Tus ilusiones tienen pies de barro y desaparecen en cuestión de segundos. Pero dicha sensación es finita, porque si algo te caracteriza es que eres tonta, y otra vez te envuelves los ojos con la venda y vuelves a la ceguera personal. Al final acabas con esa sonrisa que te caracteriza, hasta la próxima. Porque recuerda que esto no es un camino rectilíneo, tiene bastantes curvas cerradas y subidas y bajadas. Al final comprendes que no puedes pedir peras al olmo ni a los gatos que ladren. Pedir que te quieran los que no quieren saltar las piedras del camino contigo es como tomarte un café descafeinado y pretender despertarte.

De ilusiones se vive dicen algunos, pero lo que no quieren saber es que deilusiones también se muere.

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En jaula

Ansiada libertad, que te fuiste y no sé cuándo volverás.

A veces sufro porque no estás y sueño contigo cuando te extraño durante el día.

Escribo con color verde porque la esperanza me da cierta libertad y el verde representa la esperanza de algún día poder volar. Los pájaros vuelan de un lado a otro, y yo soy un pájaro en el suelo, enjaulada en la rutina en la que me han condenado.

Dichosa la gente que piensa que la mejor vida se encuentra en los pueblos, no defiendo ni mucho menos la agitada vida de la ciudad, con su contaminación y su masa homogénea de personas yendo de un lado a otro.

Pero el sentimiento de no avanzar se acentúa entre caminos empedrados y tierras en las que al menos, se cultiva algo.

No odio al pueblo, ni lo que ello conlleva, como la oscuridad y el silencio nocturno. A eso más bien lo amo. Pero lo siento: yo solo te quiero para un rato.

Chema Madoz - CCEBA

(Fotografía de Chema Madoz)

Despropósitos de fin de año


¿Por qué dices que no hablo si mi silencio te está gritando?

Hace un tiempo decidiste huir, y por consecuencia lamentarte. Dejaste la lluvia en mi mundo y el hielo en mi interior. Decidiste marcharte, y creías que iba a ir detrás. Sin motivo aparente. Pensaste que destrozarías mi hogar, que romperías todas las vajillas, que los cristales me iban a cortar.

Pero no ha sido así. Y no sé qué es lo que más duele, si el que te fueras o el estar agradecida de haberme dejado los propósitos patas arriba. Estoy curada de espanto y de desencantos.

Y finalmente, amaneció después de la borrasca, de esta ciclogénesis explosiva. Dejaste la valiosa lección, quién se marcha es porque no debe estar aquí. 

Al otro lado del muro

Al otro lado del muro, nos encontramos con mucho más frío

Los corazones helados, y el alma en estado de evaporación, con más penas que glorias.

Los corazones son hielos y el amor escarcha.

Entre la niebla, espíritus perdidos que levitan para (re)encontrarse. Buscan su alma en estado sólido.

Al otro lado del muro me encuentro yo salvada y consolada de todo ese frío que desprende lo superficial y la mediocridad.

A este lado no necesitamos abrigos, nos abriga la pequeña locura.

 

Daños colaterales

Ayer fue viernes 13.

A pesar de ello, el sol salió y la suerte se movió a sus anchas. Ni rastro de supersticiones.

La mala suerte comenzó cuando te recordé. Si a eso se le puede denominar así, porque en el fondo me atrevería a que no. La hartura de ese sentimiento que noto cada vez que pasa es cada vez mayor. Debería ir consumiéndose, como una uva pasa, como la nieve de las montañas en período estival, pero no. Cada vez mas grande.

Quería decir que me entrego y dejo las armas. Que ya no te voy a pensar, ni bien ni mal. Lo peor de todo es que soy como Jesse Pinkman , que reincido cada día con esto. Como una puta droga.

Paradoja que te fueras porque no me veías para no verme más.

Y no, no tiene nada que ver con que fuera viernes 13.

 

Somos

Somos. Soy. Son. Eres.

Somos un millón de cosas

Nos han dicho tanto que ya no creemos en nada ni en nadie. Y cada vez nuestra intramiopía va a más.

Pero, ¿Qué somos? Para empezar, somos el verbo conjugado del verbo ser.

Somos los sueños que tenemos en mente, y todos aquellos que se esfuman de repente. El instante antes del durante.

Lo que muchos no quieren que seamos

Somos el estado standby mientras hablamos con esa persona

Un pequeño trozo de isla en medio de un océano, que hemos creado con nuestras lágrimas.

Somos las ganas de vivir, de mantener vivos los recuerdos

El brillo en los ojos de la persona que te está hablando…y a veces la mirada cabizbaja del niño de 4 años que te encuentras en el metro.

Cuántas cosas somos, y qué poco nos lo creemos.