Daños colaterales

Ayer fue viernes 13.

A pesar de ello, el sol salió y la suerte se movió a sus anchas. Ni rastro de supersticiones.

La mala suerte comenzó cuando te recordé. Si a eso se le puede denominar así, porque en el fondo me atrevería a que no. La hartura de ese sentimiento que noto cada vez que pasa es cada vez mayor. Debería ir consumiéndose, como una uva pasa, como la nieve de las montañas en período estival, pero no. Cada vez mas grande.

Quería decir que me entrego y dejo las armas. Que ya no te voy a pensar, ni bien ni mal. Lo peor de todo es que soy como Jesse Pinkman , que reincido cada día con esto. Como una puta droga.

Paradoja que te fueras porque no me veías para no verme más.

Y no, no tiene nada que ver con que fuera viernes 13.

 

Anuncios

Somos

Somos. Soy. Son. Eres.

Somos un millón de cosas

Nos han dicho tanto que ya no creemos en nada ni en nadie. Y cada vez nuestra intramiopía va a más.

Pero, ¿Qué somos? Para empezar, somos el verbo conjugado del verbo ser.

Somos los sueños que tenemos en mente, y todos aquellos que se esfuman de repente. El instante antes del durante.

Lo que muchos no quieren que seamos

Somos el estado standby mientras hablamos con esa persona

Un pequeño trozo de isla en medio de un océano, que hemos creado con nuestras lágrimas.

Somos las ganas de vivir, de mantener vivos los recuerdos

El brillo en los ojos de la persona que te está hablando…y a veces la mirada cabizbaja del niño de 4 años que te encuentras en el metro.

Cuántas cosas somos, y qué poco nos lo creemos.

 

 

Anoche soñé conmigo

Anoche soñé conmigo:

Me dijo la palabras que nos nos dijimos,

las miradas que evitamos y no tuvimos

Me dió los silencios que nos hicieron mirar para otro lado.

Me dijo, que volviera la cabeza, que mirase al frente y enterrara al pasado. Porque las cosas del pasado pasan y ya. No fue lo mejor que me pasaste, pero eso, pasaste.

Anoche soñé conmigo.

 

Maldito proceso creativo

Cada día es una lucha continua. Te enfrentas a lo mismo, y no es hacer un drama de esto, pero a veces es inevitable no hacerlo.

El enemigo de siempre, el folio en blanco. Lo tienes delante, te miraría fijamente si fuera un ser vivo, pero no. Tienes apoyos, tienes bastantes puntos para ganar esta batalla, pero estás indeciso y no estás seguro. Solo es coger el lápiz o el boli o el teclado y ganarás. Ganarás, porque es una de las ambiciones del  ser humano en cualquier situación, el querer ganar. Con lo que se aprende perdiendo.

Soy una ambiciosa, y tengo que decirlo: hoy he ganado al folio en blanco.

mi patria

La escritura como saco de boxeo

Como vía de escape

Como venas de mi sistema circulatorio.

Déjame decirte por aquí, lo que no te dije a los ojos

al menos aquí no tengo muros a los que enfrentarme

Qué tendrán los sextos días de cada semana, que nos salvamos a las 12 de la noche

de este agujero incierto sin salida.

Déjame decirte que fuiste el nexo de la subordinada

de aquellas interminables clases de lengua

la tangente del seno y el coseno

y el gen recesivo del ADN.

Mi patria, tu mirada, mi bandera.

Lo que abarca mis manos.

La batalla

Recordaba que ese día hacía mucha calor. Los días eran muy largos, y la noche apenas nos daba tregua.

Debería estar contenta porque era principio de las vacaciones, pero la situación  lo impedía. Se tiraba los días en un lugar con olor a ambiente esterilizado y pasillos interminables.

Es un tema que debería superar pero vienen de cabeza las imágenes y a veces le impedía seguir su vida normal, or lo que pensó que la mejor terapia era escribir.

Hubo un día que de todos, de todos aquellos meses, fue el peor. Fue el día que pudo observar con cierta distancia y a la vez, cierta cercanía, como esa persona se debatía entre la vida y la muerte. Es increíble, pero no soy consciente, a día de hoy, de que fuera testigo de aquella lucha. Cierto es que en aquel momento afronté la situación con cierta ingenuidad pero a la vez sabía lo que estaba pasando. No se lo creía pero a la vez era consciente de que podía pasar.

La pulsaciones estaban como en una montaña rusa, subían, bajaban, bajaban, volvían a subir. Y ella miraba con la intención fallida de que por telepatía vuelva a estar en un estado consciente. No podía parar de moverse para un lado y para otro buscando un refugio.

A pesar de todo, esta batalla se superó. Y lo orgullosa que se siente por haber presenciadoesa gran batalla de la gran guerra. Hubo más batallas desde aquel entonces, pero esta le marcó. Le marcó porque no se dió cuenta del giro que había dado su vida en aquel momento y desde entonces no ha sido nada igual…