Daños colaterales

Ayer fue viernes 13.

A pesar de ello, el sol salió y la suerte se movió a sus anchas. Ni rastro de supersticiones.

La mala suerte comenzó cuando te recordé. Si a eso se le puede denominar así, porque en el fondo me atrevería a que no. La hartura de ese sentimiento que noto cada vez que pasa es cada vez mayor. Debería ir consumiéndose, como una uva pasa, como la nieve de las montañas en período estival, pero no. Cada vez mas grande.

Quería decir que me entrego y dejo las armas. Que ya no te voy a pensar, ni bien ni mal. Lo peor de todo es que soy como Jesse Pinkman , que reincido cada día con esto. Como una puta droga.

Paradoja que te fueras porque no me veías para no verme más.

Y no, no tiene nada que ver con que fuera viernes 13.

 

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